Siempre me ha gustado el mundo del diseño y la creatividad, por eso estudié diseño de videojuegos. Durante un tiempo, mi objetivo era formar parte de esa industria, pero en el camino descubrí otra pasión que no me esperaba.
Todo empezó cuando me compré una impresora 3D. Al principio solo quería experimentar, hacer algunas pruebas y entender cómo funcionaba aquella tecnología. Pero, poco a poco, me di cuenta de su potencial. Empecé a imaginarme ofreciendo servicios de diseño e impresión 3D, e incluso llegué a preparar un plan de empresa con esa idea.
Inicialmente quería orientarme hacia productos de diseño y decoración, pero todo cambió cuando adquirí una impresora 3D de resina. Ese momento fue un antes y un después. La precisión y el detalle que permitían esas impresiones me fascinaron, y sentí que eso conectaba mucho más con mis gustos.
Comencé a aprender por mi cuenta, haciendo cursos de pintura de figuras y dedicando muchas horas a practicar. Con el tiempo, dejé atrás la idea de los productos decorativos y me centré completamente en la pintura de figuras de resina para coleccionistas, que es lo que realmente me apasiona.
Ahora me dedico a ello, con la mirada puesta en el futuro: quiero empezar a modelar mis propias figuras y crear piezas únicas y exclusivas, mientras sigo aprendiendo y mejorando cada día.